Interés general
13/03/2026

EL MUNDO TIEMBLA, LA PASARELA SIGUE: ¿FRIVOLIDAD O SUPERVIVENCIA?

Mientras el mundo discute guerras y las capitales celebran moda, las pasarelas siguen encendidas.

En París se celebra la Paris Fashion Week.

En Argentina, el circuito local continúa con eventos como Buenos Aires Fashion Week.

Modelos, flashes, celebridades, champagne.

Pero afuera del salón, el mundo habla de otra cosa.

Por Gabriela Guerrero Marthineitz

Las tensiones entre Irán, Israel y Estados Unidos escalan peligrosamente y mantienen al planeta en un estado de incertidumbre permanente.

Las amenazas, los ataques y las represalias ya no parecen episodios aislados, sino parte de un conflicto que se amplía y que muchos analistas observan con preocupación.

No se trata solo de un enfrentamiento regional.

Impacta en la energía, en la diplomacia internacional y en la estabilidad global.

Mientras tanto, en otra escala del mundo, Argentina atraviesa una de las crisis más profundas de su industria textil.

Un sector que durante décadas fue parte de la identidad productiva del país hoy enfrenta cierres, caída del consumo y la desaparición silenciosa de talleres y oficios.

Mueren talleres.

Mueren oficios.

Y, sin embargo, no parece haber una reacción colectiva acorde a la gravedad del problema.

La pregunta aparece inevitable:

¿Cómo puede el mundo desfilar mientras el planeta tiembla?

Hace un tiempo, conversando con una de las socialités más influyentes de Argentina, me comentaba algo que le había llamado la atención durante un viaje a París.

Mientras la ciudad celebraba el Paris Fashion Week invierno 2026, los medios franceses hablaban al mismo tiempo de medidas de seguridad extremas ante posibles escenarios de conflicto internacional.

Su comentario fue directo:

“Los franceses están completamente desconectados de la realidad.”

La frase quedó resonando.

¿Nos pasa lo mismo a nosotros?

¿Cómo puede el mundo desfilar mientras el planeta se militariza?

¿Y cómo puede un país perder una industria entera sin que nadie —o muy pocos— salgan a defenderla?

Tal vez la respuesta esté en un mecanismo humano profundamente conocido.

La sociedad tiene una enorme capacidad para normalizar lo extraordinario.

Las amenazas globales se vuelven ruido de fondo mientras la agenda cotidiana continúa.

La vida sigue.

Siempre fue así.

En 1939, cuando Europa estaba a días de entrar en la Segunda Guerra Mundial, París seguía presentando colecciones.

Después de los atentados del 11 de septiembre, el sistema de la moda debatía si debía cancelar sus desfiles.

Algunos se suspendieron.

Otros se redujeron.

Pero la maquinaria cultural nunca se detuvo del todo.

Incluso en 2022, en plena guerra en Ucrania, los fashion weeks europeos continuaron desarrollándose.

La humanidad parece tener una habilidad extraordinaria: seguir celebrando incluso cuando la historia se vuelve incierta.

La pregunta entonces cambia.

¿La belleza es frivolidad?

¿O es una forma de negarse al colapso?

Tal vez el problema no sea la moda.

Tal vez el problema sea algo más profundo: la desconexión emocional del mundo contemporáneo.

Porque mientras las capitales celebran desfiles, el planeta atraviesa uno de los momentos más tensos de las últimas décadas.

Y mientras eso ocurre, en Argentina desaparece lentamente una industria que alguna vez supo vestir al mundo.

La paradoja es evidente.

El mundo en tensión.

La maquinaria cultural que no se detiene.

La industria productiva que se debilita.

Tres realidades coexistiendo al mismo tiempo.

GUERRA.

ESPECTÁCULO.

CRISIS PRODUCTIVA.

Todo ocurriendo simultáneamente.

Quizás muchas personas crean que la anestesia es la mejor forma de atravesar momentos de incertidumbre.

Mirar para otro lado.

Seguir con la rutina.

No hacerse demasiadas preguntas.

Pero la historia suele demostrar que ignorar la realidad nunca la hace desaparecer.





En algún momento, la realidad siempre golpea.

Y cuando lo hace, suele hacerlo sin aviso.

Por eso la pregunta vuelve, incómoda, inevitable.

¿Estamos preparados para enfrentar un mundo que cambia cada vez más rápido?

¿O preferimos convencernos de que todo seguirá igual?

Tal vez la verdadera discusión no sea entre frivolidad y realidad.

Tal vez el debate sea entre conciencia y negación.

Entre mirar lo que está pasando… o elegir no verlo.

Porque mientras el mundo se rearma, mientras las tensiones globales crecen y mientras las industrias locales se debilitan, las pasarelas siguen iluminadas.

La historia avanza.

Y, al mismo tiempo, alguien organiza un desfile.

No somos inocentes, somos una parte muy importante de esta historia…

Vamos a seguir mirando para otro lado?


Hasta la próxima.

La Señora del Lujo Silencioso








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