Rosella Della Giovampaola encarna como pocas mujeres el verdadero espíritu del lujo silencioso. Dueña de una estética refinada, sofisticada y atemporal, se destaca por respetar con absoluta precisión los códigos de cada evento al que asiste.
Por Gabriela Guerrero Marthineitz
En tiempos donde la extravagancia muchas veces reemplaza a la elegancia, sus elecciones reflejan coherencia, identidad y un profundo conocimiento del arte de vestir.
En esta nota, reflexiona sobre el deterioro de la calidad, la transformación cultural de la moda y el fin de una era en las grandes Maisons.
1. Tu forma de vestir en galas muestra una disciplina muy clara.
¿El dress code lo vivís como una limitación o como un marco que potencia tu identidad?”
Yo soy muy disciplinada en mi vida, te diría prusiana, por lo tanto el dress code al momento de una invitación me ayuda para sentirme yo, la limitación me potencia la identidad porque por mi carácter soy bastante ordenada y necesito de ese orden, que me marquen la dirección, sobre todo para estar armoniosa con el evento, para mí, vestirme y respetar el dress code es una forma de agasajar a quien te invita u organiza el evento trato de mantener la armonía a parte de la disciplina.
El dress code es un aporte importantísimo en mi caso y potencia mi identidad.
Tu pregunta contiene los dos aspectos de mi personalidad en relación con el dress code, disciplina y armonía.
2. Elegís frecuentemente casas como Oscar de la Renta o Valentino.
¿Qué buscás en un diseñador: estética, historia, o coherencia con el evento?
Si, Oscar de la Renta y Valentino, me identifico particularmente.
En un diseñador, en realidad, busco básicamente, sentirme cómoda, para mí el entrar en un vestido y sentirme cómoda es uno de los pilares de la elegancia y de la armonía, en otro momento de mi vida hasta me compré zapatos de 15 cm de taco y la verdad, no eran cómodos y seguramente no debo haber lucido elegante porque una de las cosas que se omite al hablar de elegancia, es la comodidad, sentirte cómoda significa que luzcas bien, sentirte cómoda con la imagen que se refleja en el espejo.
Y si, la estética es fundamental en un diseñador, tiene que respetar mi estética, lo que yo considero que me sienta bien.
La historia no es fundamental pero la coherencia con el evento sí, aunque yo siempre digo que siempre es mejor más que menos, yo soy un poco excesiva por eso necesito una disciplina o un límite como el dress code.
3.En un contexto donde muchas figuras buscan destacar rompiendo reglas, vos construís desde el respeto a ellas.
¿Creés que hoy la elegancia está subestimada frente al impacto?
La vida, en general, es demasiado caótica en si misma, las reglas son tratar de surfear el caos de la vida en una forma más ordenada, así que yo soy disciplinada, me educaron con reglas que son la base de la educación, hoy el mundo en general es muy mal educado, muy agresivo y sin lugar a duda, el deterioro de la elegancia, porque la elegancia no es un lindo vestido bien llevado, tiene que ver con tu educación, cómo uno se muestra, se presenta, es todo un conjunto.
Y sin lugar a duda el mundo de hoy y no solo en Argentina, hay ausencia de buena educación en general, pasaron muchas cosas en estas dos últimas décadas donde el tema de la elegancia no se considera tanto, hay que ser más disruptivo, ir en contra de las reglas por eso ves hasta en París cambios, antes ir a cenar era una ceremonia, las mujeres se arreglaban, hoy también porque la vida cambió, a la ópera o a un buen restaurante, las mujeres van como salen de la oficina y en muchos eventos no salen del negro, que es bastante anónimo, estamos en una etapa de excesos o hay que ser muy básico o totalmente extravagante y por supuesto que en estos dos extremos se pierde ese toque de elegancia que ya no existe más, antes caminabas por las calles de Nueva York y veías mujeres elegantes, hoy en día es imposible, van todas de zapatillas, es como un uniforme de lo más básico y te diría que para mí salir, arreglarme, es una ceremonia que tiene que ver con mi historia, mi educación, con mi forma de presentarme al otro, en general esta visto como una acto de superficialidad, si te vestís de rojo o de fuxia, guau, qué pasó?
Por qué no está vestida de negro como todas nosotras?
Pero bueno, es una lástima… seguramente va a volver el aprecio por la forma y un look elegante, pero en este momento no lo veo.
Sin ir tan lejos, la gala del MET del lunes pasado, fue un carnaval, fueron muy pocos los que respetaron el dress code, porque había una temática: “La Moda es Arte, no sé… yo me preguntaba, por qué?
Había mucho exceso, demasiado, sé que es un show pero también en el show hay que mantener una cierta dosis de sofisticación y. elegancia, cosa que para mí, el máximo de elegancia y sofisticación, que comprendió la temática fue la modelo etíope, Anok Yai con la creación de Balenciaga, el resto era un desastre, pero porque estamos en una etapa en la que se espera más el romper las reglas que ser elegante.
4. ¿Cuánto de ese nivel de detalle en tus looks está presente en tu vida cotidiana? ¿Es una extensión natural o una construcción específica para eventos?
Yo soy detallista y sí está presente en mi vida cotidiana, cuando no salgo y no tengo ningún compromiso, vivo en zapatillas y equipo de gimnasia pero determinado equipo de gimnasia, un determinado tipo de zapatillas.
Yo creo que debe tener que ver con mi forma de ser y porque ya tengo entrenamiento para eso, de cuidar el detalle.
El detalle casi obsesivo, no solo en mi forma de vestir, de presentarme, de lookearme, de salir a la calle a la mañana para ir al gimnasio.
Soy extremadamente detallista en todo, si un cuadro se mueve, las chicas que me ayudan en casa que, ya me conocen, saben que un marco tiene que estar derecho.
El detalle marca la diferencia y lamentablemente se perdió el ojo hacia el detalle, pero lo es todo!
5.Como italiana con presencia internacional, ¿cómo analizás hoy la industria de la moda en Europa, Estados Unidos y Argentina? ¿Detectás diferencias en calidad, identidad o evolución?
Si, hay un diferencia entre Europa, Estados Unidos y Argentina, en Argentina, la verdad, hacen milagros, porque después de tantos años con importaciones cerradas, donde está alejada del centro del desarrollo fashion, hay una calidad un poquito menos sofisticada que en el resto del mundo, pero por no una cuestión de talento, es más bien, por motivos económicos y culturales.
Talentos hay, hablo con diseñadores argentinos y les pregunto si ahora es mejor y me responden que: “es un poquito mejor pero en realidad tenemos que hacer cosas absurdas para tener un buen algodón, un buen lino, una buena seda, un buen chifón, es difícil”. Eso deteriora un poco lo que es el producto aunque haya creadores súper interesantes, igual hay un declive en el resto del mundo también, acerca de la producción fashion.
Se pierde la calidad porque cambiaron las reglas.
Yo tengo prendas, zapatos y accesorios que tienen 20 años, 25 años y están impecables.
También influyó el cambio cultural en el mundo, el cambio económico.
El COVID ha sido una factor de cambio extremo en la forma de las compras y en el producto también, nadie conserva cosas por tanto tiempo, de las que se hacen hoy, también porque es cierto porque hay poca creatividad, poca calidad no es solo una limitación en Argentina, antes un vestido de Oscar de la Renta tenía un forro maravilloso de 100 % seda, hoy muchos no tienen forros y si lo tienen en vez de seda tienen una tela sintética que hace el efecto de la seda, bueno ese es el desarrollo a futuro…
Hay una pérdida de la calidad de la materia prima.
Por eso creo que también hay una búsqueda del vintage.
Yo a veces compro en tiendas vintage porque siempre encuentro algo de lo que quiero, supongo que tengo el ojo entrenado para distinguir la calidad de los materiales y, también me permito decir que puedo definir cuando está bien hecho o no.
Honestamente, aquellos años en los que las grandes casas de moda tenían al frente a figuras como Valentino Garavani o Yves Saint Laurent ya no existen más.
Hoy sigo siendo una apasionada de Valentino.
Amo sus diseños y a su gente casi, como si fueran parte de mi familia, pero, entre nosotros, debo hacer una búsqueda muy minuciosa para encontrar aquello con lo que realmente me identifico.
Probablemente termine eligiendo las piezas más clásicas de la Maison antes que las propuestas actuales.
No digo que la moda de Valentino hoy esté mal. Pierpaolo Piccioli primero y actualmente Alessandro Michele son talentos indiscutibles, pero ese Valentino ya no representa necesariamente mi estilo, ni quizás aquel espíritu original de la casa.
Seguramente esto sea consecuencia de un cambio más profundo en el mundo, no sé si para mejor o para peor, y naturalmente también en la moda.
Han cambiado los cánones de la elegancia, de la apariencia, de la sofisticación. Hay una transformación cultural muy profunda y todavía estamos viendo hacia dónde nos conduce.
Más allá de su indiscutible elegancia y conocimiento sobre moda, Rosella Della Giovampaola respondió cada pregunta con enorme generosidad, dejando en cada reflexión un valioso aprendizaje.
Porque detrás de una buena imagen no solo existe el buen gusto: también hay orden, disciplina y coherencia y entender que la primera impresión que proyectamos ante la sociedad, termina convirtiéndose en nuestra verdadera marca personal.
Hasta la próxima!
Rosella Della Giovampaola encarna como pocas mujeres el verdadero espíritu del lujo silencioso. Dueña de una estética refinada, sofisticada y atemporal, se destaca por respetar con absoluta precisión los códigos de cada evento al que asiste.
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