Espectáculos
18/08/2026

MORIA: LO QUE VEMOS PERO NO QUEREMOS MIRAR

La serie de Netflix despertó todo tipo de conversaciones. Se habla de las actuaciones, de la vida de Moria Casán, de una época, de la reconstrucción de sus personajes y del enorme trabajo de Sofía Gala, Griselda Siciliani y Cecilia Roth. Pero hay algo que a mí me quedó dando vueltas: la serie muestra consumos, adicciones y una particular idea de “control”. ¿Por qué casi no estamos hablando de eso?

Por Gabriela Guerrero Marthineitz





Por Gabriela Guerrero Marthineitz


Se estrenó Moria. Y, como era esperable, todos estamos hablando de Moria.

De Moria Casán, de su historia, de su personalidad, de la época que representa, de las actuaciones. De Sofía Gala interpretando a su propia madre. De Griselda Siciliani. De Cecilia Roth. De esa mezcla entre ficción, biografía y universo propio que propone la serie.


Y está bien.

Hay muchísimo para hablar.

Pero mientras miraba la serie hubo algo que me quedó dando vueltas.

Una pregunta.

Y cuanto más lo pensaba, más me preguntaba por qué no escuchaba esa misma pregunta aparecer con fuerza en los medios.


¿Existe realmente el consumo responsable de cocaína?

No estoy hablando de Moria Casán como persona.

Estoy hablando del personaje que construye la ficción.

Porque hay algo que la serie muestra de manera muy concreta: Moria consume, pero aparentemente puede controlar ese consumo. Puede seguir trabajando, puede seguir con su vida, puede continuar siendo funcional.


Y en contraposición aparece Sofía Gala, cuyo personaje no puede hacerlo.

No puede controlar el consumo.

No puede manejarlo de la misma manera.

Y hay algo todavía más interesante: Moria se enoja con ella porque no entiende por qué Sofía no puede controlarlo como lo controla ella.


Ahí hay una escena.

Pero también hay una idea.


Y esa idea me parece que merece una conversación.

Porque la pregunta es justamente esa:

¿Existe el consumo responsable?

¿O lo que llamamos “consumo controlado” es simplemente un consumo que, hasta determinado momento, no se convirtió en problemático?

¿Hay personas que pueden consumir una sustancia como la cocaína y mantener durante años una vida aparentemente normal?

Sí, existen distintos patrones de consumo. No todas las personas que consumen desarrollan una dependencia.


Pero eso no significa que exista un consumo seguro.


Y ahí creo que necesitamos especialistas.

No periodistas opinando.

No panelistas.

No influencers.


Especialistas en adicciones. Médicos. Psiquiatras. Psicólogos.

Profesionales que puedan explicarnos qué diferencia existe entre consumo ocasional, consumo problemático y dependencia.


Porque la propia evidencia médica plantea una diferencia importante entre los patrones de consumo, pero también advierte que la cocaína no tiene una forma de uso que pueda considerarse segura fuera de sus usos médicos.

El National Institute on Drug Abuse señala que el consumo puede ir desde ocasional hasta repetido o compulsivo y que cualquier vía de administración puede generar riesgos graves.


Entonces, ¿por qué no hablamos de esto?

Esa es, en realidad, la pregunta que más me interesa.

Porque la serie ya puso el tema sobre la mesa.

No tuvimos que buscarlo.

No tuvimos que inventar una noticia.

No tuvimos que organizar una campaña.


Una ficción que está siendo mirada, comentada y analizada por muchísimas personas nos está mostrando distintas formas de relación con las sustancias.

Y nosotros, los medios, tenemos una oportunidad enorme.

¿Por qué no la aprovechamos?

¿Por qué hablamos durante horas de las actuaciones, de los parecidos físicos, de las escenas, de la estética, de la vida de Moria, y casi no abrimos una conversación sobre lo que hay detrás de esas imágenes?

No estoy diciendo que una serie tenga que convertirse en una clase de prevención.

Por supuesto que no.

Una ficción tiene derecho a contar una historia como quiera.


Pero justamente porque es ficción, porque genera conversación y porque despierta interés, los medios podemos hacer algo que la ficción no tiene por qué hacer:

preguntar.

Preguntar qué estamos viendo.

Preguntar qué significa ese supuesto control.

Preguntar qué pasa cuando una persona cree que puede manejar el consumo y otra persona no puede.

Preguntar cuándo se cruza la frontera entre consumo y consumo problemático.

Preguntar si esa frontera es tan clara como creemos.

Y, sobre todo, preguntar por qué como sociedad nos cuesta tanto hablar de esto

Porque hay otro fenómeno que me llama la atención.

No solamente los medios.

Nosotros.

La sociedad.


¿Por qué este tema parece generar tanto silencio?

¿Por qué cuando hablamos de adicciones todavía aparece rápidamente el prejuicio

¿Por qué muchas veces miramos a una persona con una adicción antes desde el juicio que desde la enfermedad?

¿Por qué cuesta tanto decir “necesita ayuda” y resulta tan fácil decir “no tiene voluntad”?

Quizás porque las adicciones todavía incomodan.

Porque nos obligan a mirar una realidad que preferimos pensar que está lejos.

Hasta que aparece cerca.

En un hijo.

En un hermano

En una pareja.

En un amigo.

En un compañero de trabajo.


Y entonces deja de ser una discusión televisiva.

Deja de ser una escena de una serie.

Se convierte en nuestra propia realidad.

Y ahí es donde creo que los medios tenemos una responsabilidad.

No para demonizar las drogas.

No para romantizarlas.

No para señalar a nadie.

Para informar.

Para generar herramientas.

Para ayudar a comprender.

Para que alguien que está atravesando un consumo problemático pueda reconocerse.

Y para que una familia que no sabe qué hacer pueda encontrar información y caminos posibles.


También me llamó la atención que la serie no solamente permite hablar de cocaína.

Está el alcohol.

Y ahí aparece otra contradicción cultural.

Hay consumos que socialmente tenemos absolutamente naturalizados.

Una copa de vino.

Un whisky.

Un brindis.

Una bebida en una reunión.


El alcohol forma parte de nuestra cultura cotidiana de una manera que otras sustancias no.

Y, sin embargo, también puede convertirse en una adicción.

Entonces quizás la conversación que nos propone Moria es mucho más grande que la cocaína.

Es una conversación sobre cómo miramos los consumos.

Sobre cuáles condenamos.

Cuáles naturalizamos.

Cuáles escondemos.

Y cuáles solamente empezamos a tomar en serio cuando ya existe un problema evidente.

Y acá vuelvo a Sofía.

Porque esa diferencia que muestra la serie es precisamente la que deberíamos discutir.

Moria puede hacerlo.

Sofía no.

Moria se enoja porque Sofía no puede controlarlo.

Pero en la vida real, ¿qué significa exactamente “poder controlarlo”?

¿Quién determina que alguien tiene el control?

¿El hecho de que siga trabajando?

¿De que tenga una familia?

¿De que tenga éxito?

¿De que nadie alrededor note nada?

¿De que pueda pasar días sin consumir?

¿O el control es algo mucho más complejo?

Son preguntas que no debería responder una columna periodística.

Deberían responderlas quienes estudian las adicciones.

Y por eso me pregunto nuevamente por los medios.

¿Qué nos pasa?

¿Por qué esta conversación no tiene la misma importancia?

¿Por qué no aprovechamos el éxito de una serie para abrir un debate serio?

Tenemos delante una oportunidad extraordinaria.

Una ficción logró que millones de personas se interesaran por una historia.

Entonces, ¿por qué no usar ese interés para hacer algo que vaya un poco más allá del entretenimiento?

¿Por qué no convocar a especialistas?


¿Por qué no sentar en una mesa a un médico, un psiquiatra, un especialista en adicciones y alguien que haya atravesado un proceso de recuperación?

¿Por qué no preguntarles, sencillamente, qué es un consumo problemático?

¿Cuándo hay que pedir ayuda?

¿Cómo puede reconocerlo una familia?

¿Qué señales deberían preocuparnos?

¿Y existe realmente ese famoso “consumo responsable” del que tantas veces hablamos?

Quizás las respuestas sean incómodas.

Quizás algunas no sean las que queremos escuchar.

Pero justamente por eso necesitamos escucharlas.

Porque si una ficción puede mostrar el consumo sin que nosotros nos detengamos a discutir sus consecuencias, corremos el riesgo de quedarnos solamente con la imagen.

Y una imagen no explica una adicción.

Una ficción no reemplaza la información.

Y un personaje no puede convertirse en modelo de comportamiento.

No le pido a Moria que nos dé una clase sobre drogas.

Se lo propongo al periodismo.

Le pido a los medios que aprovechemos esta conversación.

Que dejemos por un momento el debate sobre quién está más parecida a Moria, quién actuó mejor o cuál es la escena más impactante.

Y que hagamos una pregunta que puede ayudar a muchísimas personas.

Porque quizás del otro lado de la pantalla haya un joven que está empezando a consumir.

Quizás haya una madre que no sabe cómo acercarse a su hijo.

Quizás haya un padre que está mirando señales que no sabe interpretar.

Quizás haya alguien que necesita escuchar que pedir ayuda no es fracasar.

Y quizás haya alguien que todavía cree que puede controlar una situación que empieza a escapársele de las manos.


Por eso creo que esta serie nos deja una oportunidad.

Una oportunidad que no deberíamos desaprovechar.

No para juzgar.

No para señalar.

No para demonizar.

Para hablar.

Para preguntar.

Para escuchar a quienes saben.

Y, sobre todo, para ayudar a nuestros jóvenes a encontrar herramientas antes de que sea demasiado tarde.

Porque si una serie consigue que todos hablemos de Moria, de su vida y de su historia, quizás nosotros podamos hacer algo más.

Podemos aprovechar esa conversación para hablar de una realidad que existe mucho más allá de la pantalla.

Y entonces vuelvo a la pregunta que me quedó después de ver la serie:


¿Por qué no hablamos de esto?

¿Por qué como medios no aprovechamos esta oportunidad para abrir un debate serio sobre las adicciones?

¿Por qué como sociedad todavía nos cuesta tanto mirar este tema de frente?

Y quizás la pregunta final sea todavía más incómoda:


¿No será hora de que dejemos de mirar hacia otro lado y aprovechemos esta oportunidad para abrir, de una vez por todas, un debate serio sobre el consumo, las adicciones y la manera de ayudar a quienes necesitan encontrar el camino de regreso?


Hasta la próxima!

La Señora del Lujo Silencioso

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